Miércoles, 27 Noviembre 2019 19:38

El Ejecutivo y el Congreso hunden todavía más la economía

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La economía en franca recesión se enfrenta en estos momentos a la fuerte embestida de medidas que vienen a dañar la delicada situación en la que se encuentran el Estado, las empresas y los individuos. La solicitud del Ejecutivo de elevar el déficit fiscal del 1,5 al 3 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB) fue aprobada días atrás en el Congreso y de este modo se ha dado además de un señal negativa para la sostenibilidad fiscal, una oportunidad para que los políticos aumenten los gastos sin contrapartida de calidad, contraprestación y rendición de cuentas.

 El Ejecutivo hizo bien en su momento en enviar al Legislativo un Presupuesto equilibrado. La recesión tiene consecuencias en la recaudación, como de hecho hizo constar el Ministerio de Hacienda. Sin embargo, esta correcta decisión luego se convirtió en un grave error.  

En efecto, al pedido erróneo de elevar el déficit fiscal inmediatamente se dio paso a la promoción de incentivos contrarios a las finanzas sanas. La reactivación de una economía que requiere de señales firmes y predecibles de lo que será el próximo año se encuentra desde ahora aún más dependiente a factores exógenos.

Lo que no entiende el Ejecutivo a través de Hacienda (ningún gobierno a la fecha lo comprendió a cabalidad) es que el déficit fiscal es un síntoma de un Estado que crece sin consideración alguna a la economía privada. El Estado no tiene límites, a excepción de una ley como la de Responsabilidad Fiscal que al menos de algún modo a lo largo de estos años limitó aquella tendencia.  

El 1,5 del déficit en relación Producto Interno Bruto (PIB) es como una exclusa de contención de un inmenso caudal de agua que si se derriba elevándola al 3 por ciento – como se ha hecho- lo que se provoca es la presencia de más sector estatal mediante el aumento de los gastos con carácter despilfarrador que termina por convertir el Presupuesto (el segundo contrato político más importante luego de la Constitución) en un barril sin fondo en donde el pueblo contribuyente es el que paga los platos rotos por la irresponsabilidad, la corrupción de unos cuantos que ya no representan el sentido republicano y liberal del gobierno.

Los políticos siempre tienen motivos para elevar el gasto. Esta tendencia sucede aquí en Paraguay como en cualquier otra parte del mundo; pero la diferencia sustancial es que nosotros somos un país pobre por la escasa movilidad de capitales tanto nacionales como extranjeros, motivo por el cual el daño siempre será mayor en los países subdesarrollados.

El hecho de que el sector privado se encuentre a la fecha sufriendo los embates de la caída de la producción, las ventas y la comercialización en todos los sectores no sigue la misma lógica de apretarse los cinturones en el sector estatal.

Es bien diferente lo que ocurre en un sector público  que se eleva por sí y para sí  más dinero, eleva los sueldos, crea más dependencias y nuevos cargos. Desde la puesta en marcha de la nueva Constitución en 1992 lo que tenemos son beneficios “sociales” en salarios y jubilaciones y privilegios por doquier. Los legisladores ganan fortunas y se auto asignan canonjías que van desde celulares y vehículos lujosos, y esto como muestra de botón.

De ahí que si se quiere demostrar la existencia de la teoría del “juego de suma cero” pues aquí tenemos evidencias de su comprobación, por cuanto que lo que unos ganan, lo pierden otros. ¿A costa de quién? A expensas del sector privado, de la economía de los individuos y las empresas. Son cada vez más los que se muestran “generosos” con el dinero ajeno.

Igualmente, elevar el déficit sin un programa, por lo menos básico, definido con ideas claras y liderazgos firmes para contener los gastos tal como hoy se tienen, además de aquel “juego de suma cero”, es empobrecer a la gente que trabaja, invierte y se desvela por sus familias. El gráfico adjunto al presente es un ejemplo de cómo en lugar de promover más mercado como sinónimo de iniciativa empresarial se conspira contra los verdaderos creadores de riqueza, como en efecto lo dice el Banco Mundial en su reciente informe Doing Business.

Todavía más, la disponibilidad de fondos por parte del sector estatal que llega al punto de no contar con contrapartida de ingresos genuinos porque puede apelar a más endeudamientos, nuevos o elevar el porcentaje de los impuestos y hasta llegar la inflación, tiene otra consecuencia con el efecto “crowding out”. Esta situación también denominada con el nombre de efecto expulsión o desplazamiento, consiste en que la capacidad de inversión de las empresas se reduce al mínimo debido a que el ahorro y el capital son tragados por un sector público que sigue, para colmo, en lo mismo que antes.

Fueron suficientes estos días para constatar que el Ejecutivo y el Congreso hunden todavía más la economía.

 

 

Visto 81 veces Modificado por última vez el Miércoles, 27 Noviembre 2019 19:41
Víctor Pavón

Decano de Currículum de UniNorte. Autor de los libros "Gobierno, justicia y libre mercado"; "Cartas sobre el liberalismo": "La acreditación universitaria en Paraguay, sus logros y defectos" y otros como el recientemente publicado "Ensayos sobre la Libertad y la República".