Martes, 05 Noviembre 2019 20:34

La injusticia que nos daña a todos

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El caso del hombre condenado a la cárcel por producir aceite de cannabis

La condena a cinco años de cárcel para Egdar Martínez Sacoman por producir aceite de cannabis de manera artesanal y que de ese modo ayudaba a cientos de personas de manera directa e indirectamente a miles a quienes no conocía pero se beneficiaban para mitigar sus dolores extremos es un típico ejemplo de cómo lo que hoy se llama justicia en realidad no es tal.

El tribunal consideró que la tenencia de estupefacientes establecida en la legislación fue suficiente para llegar al fallo condenatorio; esto es, no se tomó en cuenta ni el desarrollo ni los beneficios que fue logrando con sus conocimientos y destrezas el hoy sentenciado. El Tribunal tampoco consideró que la Ley 6007 crea el programa nacional para estudio, investigación médica y científica del uso medicinal del cannabis y sus derivados, reconoce el uso medicinal de la planta, además hay un decreto presidencial que autoriza a las familias a cultivar el cáñamo para uso medicinal, pero a partir del año 2020.
Ocurre que el hoy sentenciado se ¡adelantó por un año al cultivo de la mariguana para uso medicinal!. Más allá de las legislaciones que el Tribunal debe observar y la Fiscalía (por cierto el fiscal de la causa Edgar Martínez liberó en pocas horas a un concejal en cuya propiedad encontró 136 kg. de marihuana) lo que se deduce es que el concepto de justicia fue reemplazado por la aplicación de leyes que no toman en cuenta precisamente lo más importante: LA JUSTICIA COMO UN ACTO QUE LIMITA LA LEY Y CUYO OBJETIVO ES QUE LAS PERSONAS NO SE CAUSEN DAÑO ENTRE SÍ.
En efecto, y a diferencia de lo que se viene enseñando en nuestras casas de estudios y aplicando en los tribunales, lo que establece la ley no conlleva precisamente a la justicia, siendo éste el caso del señor Martínez Sacoman y que el Tribunal debió tomar en cuenta si en verdad le interesara el noble concepto de la justicia, así como todos los días de boca para afuera se dice y como todos los días y a cada minuto lo abogados culminan sus escritos con la frase: QUE SE HAGA JUSTICIA.

Pero no ocurre de ese modo, el que se haga justicia y se solicita a los jueces es en realidad la aplicación de leyes que en realidad no hacen valer la justicia sino el enunciado de lo que dice la legislación. Esto se explica porque todo el sistema de administración de "justicia" está inficionado de lo que se llama el positivismo jurídico que hace prevalecer a la autoridad del Estado sobre el individuo y así sobre la justicia.

¿Por qué un hombre que beneficia a sus semejantes (de paso es preciso decir que el Tribunal no permitió al señor Martínez Sacoman que sus testigos se expresen a su favor) y que no está haciendo daño tenga ahora que ir a la cárcel? La respuesta está en que prevalece la ley como un acto legislativo y coercitivo (ley positiva se le dice también) antes que la verdadera y única justicia, la que busca el bien del prójimo y tiene los ojos vendados, siguiendo a Astrea como símbolo precisamente de la justicia.

La corrupción moral que aquí se ha expresado por medio de los jueces y el referido fiscal para destruir a una persona llevándolo a la cárcel es contrario al noble concepto de la justicia entendida como un valor indispensable para limitar el poder y garantizar a todo aquel que no hace daño a su prójimo. Si alguna vez se pretende cambiar esto para que un inocente no tenga que pagar por los pecados que no cometió, se hace necesario entender y recuperar la justicia. Y esto sí que será una verdad tal como los abogados escribimos al final de los escritos en los tribunales: SE HARÁ JUSTICIA.

Visto 89 veces Modificado por última vez el Martes, 05 Noviembre 2019 20:40
Víctor Pavón

Decano de Currículum de UniNorte. Autor de los libros "Gobierno, justicia y libre mercado"; "Cartas sobre el liberalismo": "La acreditación universitaria en Paraguay, sus logros y defectos" y otros como el recientemente publicado "Ensayos sobre la Libertad y la República".