Sábado, 16 Noviembre 2019 13:23

Los González Daher: benefactores de la humanidad

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La escandalosa y estridente imputación, detención y reclusión de Ramón González Daher y su hijo por el Ministerio Público en un local penitenciario por los supuestos hechos punibles de usura y lavado de dinero da la sensación de que dejó muy “feliz” y satisfecho a mucha gente -difícil saberlo en qué consisten tales estados-, pero de todas formas esa es la impresión que se tiene al pulsar el ambiente periodístico y el tenor de la conversación de la calle. Sin embargo, obviamente están todos muy equivocados.

 

         Para una deliberada provocación intelectual afirmo que estos señores no son delincuentes sino verdaderos benefactores de la humanidad aquí en Paraguay y en cualquier parte del mundo. ¿Qué delitos cometieron entonces? Pues el delito de ser benefactor de la gente y encima haberse enriquecidos con esa actividad, y como se sabe en una sociedad donde el estado impera de la A a la Z, donde la envidia y el resentimiento son las reglas y no la excepción, enriquecerse en forma legítima es algo peor que un crimen.

         Los ahora imputados y privados de su libertad se dedicaban a la noble, necesaria y útil tarea de prestamista, es decir le prestaban dinero a las personas a quienes nadie les quería prestar ni un peso pues no tenían credibilidad de devolución, y con ese dinero prestado de los prestamistas en forma libre y voluntaria –no hay prueba alguna de que los González D. hayan usado una pistola para que le acepten el préstamo- sino repito fueron todos sobre la base de acuerdos libres y voluntarios, hacían o hicieron lo que hubieran sido de su decisión. A partir de este punto ya casi nada se puede discutir porque lo que vale es eso.

         Sin embargo, el progresismo de la mano del estado ha criminalizado esa noble y útil tarea luego, además, de que mediante el intervencionismo estatal haya destruido toda forma de ganar dinero mediante la función empresarial, es decir, de no haber estado o si éste hubiera sido mínimo su rol en la sociedad, los González D. iban a pasar desapercibo como los vendedores de manzanas sobre la vereda. En otras palabras: el progresismo legislativo y su política criminal primero destruye toda base institucional para que la creación de la riqueza sea posible en forma libre, y luego de destruir eso, si alguien consigue elevarse o sea ganar dinero por su inventiva o su arrojo por correr el riesgo en medio del mercado prácticamente clausurado le cae otra vez encima con todo el “peso de su ley” porque en última instancia lo que desea es bloquear toda posible creación de riqueza. Cayendo en un estado en que se prefiere que todos estemos sometidos al estado y seamos por supuesto todos absolutamente pobres.

         Estos préstamos realizados de esta forma son simplemente un fenómeno económico mediante el cual quien recurre a hacerlos lo hace porque ha diferido en su preferencia temporal. El sujeto A está ansioso por tener dinero ahora mismo, sin importarle mucho el dinero que vaya a tener en el futuro. Obviamente está dispuesto a perder, digamos, un millón de dólares ahora a cambio de tener 1000 dólares ahora mismo, por la razón que sea. Ese no es problema del estado ni nadie.  Al hacerlo así además ha renunciado al asalto, hurto o robo. O sea, a la agresión. Por tanto, no existe ninguna acción inmoral en una operación de este tipo.

         Por desgracia la humanidad montada sobre la base del intervencionismo estatal que bloquea toda posibilidad de creación de riqueza en forma legítima, al que se debe agregar la presión de la envidia y el resentimiento, ha considerado al prestamista o al llamado usurero –da lo mismo- con vilipendio, persecución, burla, acusación y cárcel. Todo un contrasentido. Esto no es nuevo. Leáse “El Mercader de Venecia” de Shakespeare en el cual el prestamista o usurero es tratado de la peor manera porque como dice el célebre literato por aquél; se muere por conseguir “la libra de carne humana”; igualmente en la reciente película “El Prestamista” se repite el mismo argumento. Esto solo por citar unos pocos, pues incluso en la misma Biblia el tratamiento que se da al prestamista no es diferente.

         Desde luego nadie se detiene a pensar por la razón que sea que el prestamista o usurero –solo el estado hace la distinción con su intervencionismo- que lo que opera en la base de esta clase de transacción es el índice de preferencia temporal, una de las dos leyes praxeológicas más importantes que todo ser humano lleva incorporado. Por lo común una persona con alto índice de preferencia temporal recurre a este tipo de préstamo, luego de haber roto además todas las otras reglas “institucionales”, y el prestamista por lo común, mutatis mutandi, tiene un bajo índice de preferencia temporal porque apuesta a ganar dinero a largo plazo. Lo que importa acá es que el prestamista o usurero –repito para mi es lo mismo- presta su propio dinero y no de otro (aunque puede ser también mediante mandato), por eso es tan honrado como cualquier otro, y por otro lado el prestatario mediante acuerdo libre y voluntario acepta la operación. A partir de acá ya no hay nada que criticar porque es un acto válido y legítimo.

         Al solo efecto de demostrar la falacia de algunas críticas me referiré ahora a algunas de ellas bajo la estela de los principios del libertarismo y, concretamente, tal como lo dejó esclarecido Walter Block en su señero libro dedicado a Henry Hazlitt y en homenaje al libro de éste: “Economía en una Lección”.

         La crítica más común y supuestamente fuerte que se suele hacer es que el prestamista o usurero aplica o cobra intereses desproporcionados a los prestatarios, que es lo que repite en el caso de nuestro ejemplo, es decir caso González D., un personaje que se dice “abogado” y según se supo representa a una especie de “liga de estafados” por los préstamos obtenidos. Esto por supuesto es absurdo y ridículo. En un mercado libre los intereses tienden a fijarse por las preferencias temporales de los que están implicados. Si es verdad que los intereses son increíblemente elevados, pues las fuerzas del mercado harán que bajen. Se aclara, una vez más, si el mercado no está intervenido. Ahora bien, si el interés no baja, no es que sean elevado, sino solo con intereses elevados se puede satisfacer la preferencia temporal de los clientes. Y eso es lo que ocurre cuando el mismo estado destroza todo el sistema económico, financiero y crediticio con su intervención. Esto no es un secreto para cualquiera que tenga dos dedos de frente. A contrario sensu se podía imaginar otro absurdo: que el prestamista González D. no quiera más hacer préstamo con bajo o alto interés, entonces, si no hay otro González D., esas personas necesitadas con alta preferencia temporal bajo el comando de algún “abogado” mañoso como el López Moreira este podría formar una liga de personas que no obtuvieron el préstamo a fin de llevarle ante la justicia estatal al prestamista.

         Hay que sacarse de la cabeza eso de que es la necesidad lo que provoca recurrir al préstamo sino la preferencia temporal que uno tiene y eso es de exclusiva responsabilidad de uno mismo. Si esto no se entiende, por supuesto, dentro de poco se dictarán nuevas leyes para destrozar más aun la poca libertad que se tiene en un estado cuasi-totalitario, manejado además por fiscales, jueces, abogados y políticos -ni qué decir- muy ignorantes pero que se creen listos, y por eso mismo conforme lo dijo Maquiavelo son los más peligrosos.

         Respecto del lavado de dinero solo cabe señalar que tampoco constituye delito alguno porque simplemente no puede ser delito que alguien quiera asegurarse, guardarse su dinero lejos de las manos de los asaltantes. Ninguna persona que recibe en su casa de noche a un asaltante y éste le dice o pregunta dónde guarda su dinero va a atinar decirle o confesarle el lugar donde lo tiene guardado. Y ya se sabe el estado es el asaltante más grande y sistemático, más peligroso y brutal, que existe, a tal punto que se ha tomado el lujo de declarar delito que una persona pueda defender, guardar y ocultar su dinero, lejos de mano acerada del principal asaltante, repito, como lo es el estado para de esa forma robarle mejor a su víctima.

         Los González Daher no son delincuentes. son benefactores de la humanidad, deberían ser declarados héroes –aunque no soy partidarios de que existan héroes- porque tienen el arrojo de arriesgar su dinero con gente con preferencia temporal elevada y encima hipócritas con alto índice de envidia, a quienes no les importa su vida ni su futuro, y bajo amenaza de un estado totalitario que no puede soportar que los seres humanos se enriquezcan a su alrededor. Estaban haciendo una tarea muy necesaria y útil: prestar dinero a gente pobre con alto índice de preferencia temporal, pues de ahora en más solo se dedicarán seguramente a prestar su dinero a gente rica si es que van a seguir en el negocio. No se trata por supuesto si la cuestión de los intereses es un tema justo o no, sino es cuestión de oferta y demanda. O sea ¡es la economía estúpido!

Visto 439 veces Modificado por última vez el Sábado, 16 Noviembre 2019 14:38
Mario R. Centurión

Columnista de Libertad y República

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