Martes, 19 Noviembre 2019 17:28

¿Quién es el mejor economista?

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A no dudar: quien defiende la mejor y única idea que produce genuina riqueza que se da solo en un ambiente de libertad económica donde se respeta la propiedad privada, la libertad individual y los contratos libres.

 En su última conferencia el profesor Jesús Huerta de Soto de junio pasado en Madrid titulada la "Japonización de la economía" se hizo esta pregunta y trajo a colación lo que dejó dicho Hayek en su libro "Teoría pura del capital", que el mejor test de un buen economista es aquel que entiende que "demand for commodities is not demand for labor", es decir quien no entiende que el simple aumento de la demanda de bienes de consumo o el consumo concretamente no da lugar a incremento de empleos, por ende de riquezas, no es economista. Luego esta es la fórmula para "the best test a good economist". Y esto es así porque resulta obvio para quien quiera ver que el mero aumento del consumo va en contra del ahorro y de la inversión porque la mayor parte de empleos están en las etapas más alejadas del consumo. De modo entonces que un simple incremento del consumo lo único que hace a mediano y largo plazos es consumir capital y al final todos se empobrecerán más aún. No obstante esto, el gran profesor, Huerta de Soto, agregó un importante aporte a esta precisión de Hayek que consiste en lo siguiente: según él, el test del buen economista y que es clave consiste en entender por qué es un grave error pensar que la inyección y la manipulación monetarias pueden dar lugar a la prosperidad económica sostenible.

Apunta con certera precisión que Keynes (y sus admiradores y seguidores) nunca entendió que se puede ganar dinero sin que crezcan las ventas de bienes de consumo, que es la última etapa de la estructura productiva conforme lo estudió ya Menger en el siglo XIX. El beneficio es igual a ingreso menos coste. Señala que si los ingresos están congelados y no se crece, se puede ganar dinero si se reduce costes. Lo cual es lógico.

¿Y cómo se reducen los costes, en un entorno de normal crecimiento de la economía? Esto simplemente se produce mediante la sustitución de la mano de obra más cara por equipo capital de menos costo en las etapas más próximo al consumo, luego este fenómeno necesariamente va a generar un volumen de empleo masivo, dado que al contrario de los que muchos piensan las máquinas nunca destruyen empleo, sino que lo crean de manera masiva.

La no  comprensión de esto es el gran problema.

Nunca lo entendió Keynes y tampoco un personaje glorificado falsamente por muchos cuyo modelo se usa y repite hasta el hartazgo hoy en día por todas partes: Milton Friedman. Señala el gran profesor Huerta de Soto en este sentido que este galardonado con el premio Nobel de Economía en su libro "A Monetary History of the United States", consignó la burrada de decir que la Gran Depresión de 1929 se produjo a consecuencia de que la Reserva Federal no inyectó la suficiente cantidad de dinero, es decir por no haber manipulado lo suficiente la masa monetaria.

Huerta de Soto ilustró este acierto con varios ejemplos, y el más relevante y actual: el surgimiento de la banca con reserva fraccionaria y que a poco tiempo de su creación entró en asociación con los bancos centrales y gobiernos para inyectar dinero creyendo que eso es bueno para la economía. O sea se inventó la creencia de que a partir de la creación de créditos sin respaldo de ahorro real, es algo bueno para la economía, creencia a la cual se adscribió también otros célebres economistas como Joseph Alois Schumpeter.

Pero donde el mal de esta creencia hizo estragos es Japón y por eso su conferencia alude a la "japonización" de una economía que hoy por hoy también es la enfermedad de la cual padece el Paraguay y varios países más.

¿Qué es la “japonización” de una economía?

Japón fue una economía muy próspera en algún momento luego de la Segunda Guerra Mundial, pero una vez que alcanzó la prosperidad que lo puso en la vanguardia económica, social, política, tecnológica se detuvo en seco. Incluso genios como Lester Thurow creyeron ver en la pujanza de la economía japonesa hacia 1990 que la guerra económica iba a ser entre Estados Unidos y Japón en el siglo XXI. Grave error, ni siquiera rozó porque es China al que no menciona en su ensayo el genio de Harvard el gran competidor americano. Su error fue por partida doble.

¿Qué pasó en Japón a finales de los 80 del siglo XX? Pues los japoneses se dejaron estar y el “milagro japonés” se detuvo y apareció la crisis la financiera y luego la económica. Su economía no creció más, se estancó, entonces a fin de intentar su recuperación comenzó a aplicar una política de creciente intervención estatal en todos los niveles, impuestos elevados, a la par de una gran manipulación e inyección monetaria.

Aplicó lo que se llama política monetaria ultra

laxa, acompañado con un proceder “roll over” continuos de créditos (que no es otra que la famosa “calesita” que aplica el gobierno en el Paraguay para pagar sus deudas internas y externas). Al igual que Paraguay, el Japón para aparentar que no hay desempleo, por ejemplo, no achicó la burocracia y los subsidios, convirtiéndose el estado en una especie de madre de una gran familia que debe mantener a todos sus miembros colocados y seguros. También redujo el tipo de interés a cero lo cual logicamente disparó el gasto público en forma inmediata.

El profesor Huerta de Soto lo dice de una impactante forma y es que <en un entorno de gran rigidez institucional y económica, como es el caso de Japón, la manipulación monetaria masiva y el incremento descontrolado del gasto público lo que hacen es bloquear cualquier incentivo que pueda existir para que se reestructure de forma espontánea la economía, impidiendo que se trasladen los factores de producción, desde donde se encontraban erróneamente invertidos hacia otras líneas alternativas y sostenibles de inversión, que solo en un entorno de libertad, flexibilidad económica y confianza serian descubiertas por los empresarios. Fue de esa forma como Japón entró en un periodo de recesión y atonía económica indefinida que viene durante ya varias décadas y del que todavía no ha logrado salir>.

Aquí algunos números que son la consecuencia de su política. La deuda pública del Japón es del 250% de su PIB. Tiene un déficit fiscal del 6% anual en sus cuentas públicas y todo ello con un crecimiento económico casi plano, no crece. El tipo de interés está casi cero e incluso negativo, tiene una inflación del uno por ciento y aparentemente “pleno empleo” con un volumen muy grande de desempleo encubierto y pérdidas constantes de productividad y capacidad competitiva. Es decir, el Japón está viviendo bien aun en el presente de las joyas de la abuela, pero se siente y presiente su derrumbe hacia el horizonte.

Como dice el maestro Huerta de Soto, el Japón ya se ha gastado toda la munición intervencionista disponible y no solo no se ha logrado nada, sino que el resultado ha sido contraproducente y decepcionante. Se ha probado todo lo que se podía probar y no se ha conseguido ningún objetivo palpable. Huelga decir acá que es el camino que está siguiendo el Paraguay desde hace décadas, pero con el importante detalle de que tiene muy “pocas joyas de la abuela” que despilfarrar para vivir bien, por lo tanto el proceso no será igual al del Japón sino más desastroso: Japón se hizo rico en algún momento y ha entrado en un proceso de “desdesarrollo”, el Paraguay nunca fue rico sino que se aferró a la misma política que ahora empobrece a un rico. Es decir, esta política económica demuestra dos cosas: puede empobrecer al rico y puede no hacer nunca rico al pobre.

Visto 204 veces Modificado por última vez el Martes, 19 Noviembre 2019 20:34
Mario R. Centurión

Columnista de Libertad y República